
¿Quién es W., por lo menos para Óliver Stone? Un hombre sin una habilidad particular o rasgo de liderazgo característico. No es un Éinstein, pero tampoco es un tonto; no es Demóstenes, pero tampoco es que tartamudee al hablar. Es un ser manipulable, herramienta más o menos maleable para varios (como su padre, a quien le importa mucho el nombre de la familia; o Cheney, un reposado maníaco traumatizado con la seguridad); un hombre que a pesar de ser el gobernante de la nación más poderosa (¡qué miedo!) de la Tierra, tiene, en el fondo, el infantil sueño de ser una estrella del béisbol.

¿Cómo es la película? Regular. La caracterización que hace Josh Brolin de George W. Bush es magnífica. Por otro lado, la película aunque no aburre, no convence. ¿Por qué? Porque no es una biografía del Presidente (que era lo que yo esperaba). No nos cuenta datos relevantes de su infancia ni los hitos que forjaron su personalidad. En cambio, lo que el director busca es acercarnos al personaje real. Es decir, vemos solo algunos momentos, no los mejores ni los más representativos, de la vida de este hombre, y con ellos, el director nos invita a cambiar el concepto (muchas veces angélico o demoníaco) que de él podemos tener. Así, pues, la película no trata sobre una historia. no tiene un clímax ni hay un tema ni un desenlace. Tristemente, se dejan de lado escenas importantísimas, como el Once de Septiembre... Pero, de nuevo, de eso no se trata la película (¡qué lástima!).
Tengo para mí que el director, en el fondo, hizo una buena labor. El respeto a los personajes es notable. Ojalá fueran así los reportajes de algunos directores que lo demonizan (como Michael Moore). George W. Bush es, simplemente, un hombre común, y esto no es decepcionante., Por el contrario, queda el sabor de que cualquiera, sin necesidad de ser demasiado especial, puede llegar lejos. 7/10.
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